Coronavirus: El Negocio del Miedo.



Es falso que el Coronavirus sea una enfermedad muy mortal. Se trata de una gripe, los casos que se complican son los de personas con antecedentes clínicos graves, predispuestas y que desafortunadamente, fallecen.


Es arriesgado asegurar que se están infectando más personas cuando lo que se está haciendo es testar a más personas. El protocolo hasta hace unas semanas era no hacerle pruebas a quien no haya viajado o estado en contacto con enfermos. Los protocolos están cambiando cada día. Hoy cualquier persona con síntomas catarrales es considerado portador de Coronavirus hasta que se demuestre lo contrario.


Se está alarmando a la población innecesariamente y alguien se está beneficiando de nuestro miedo. Lo peor que puede ocurrir es que todos nos infectemos, pero...¿y qué? Es tan solo un catarro más... Tenemos que asumir que nos vamos a contagiar o que incluso tal vez ya lo hemos pasado. Las medidas de prevención están ahí. Hagamos uso de ellas, pero no caigamos en la paranoia y en el miedo.


Y aprovechemos para cuestionarnos, ¿qué o quién se beneficia de nuestro miedo?



El miedo es una emoción cuya función es la de protegernos. Si no sintiéramos miedo ante un peligro real, tendríamos menos probabilidades de sobrevivir. Como todas las emociones, lo origina un pensamiento que se basa en una creencia probablemente inconsciente. Es un indicador de que vamos a cruzar un límite desconocido, pero a veces esto no tiene por qué suponer peligro. Es importante aprender a discernir entre las situaciones que realmente son peligrosas y las que solo son ilusorias.


La mayoría de nosotros permite que el miedo dirija sus vidas. Tomamos decisiones y hacemos cosas porque sentimos miedo, o dejamos de hacer cosas por no sentir ese miedo.

Pero lo cierto es que el miedo es casi siempre ilusorio. Cuando surge ese pensamiento que nos asusta, no cuestionamos si el peligro es o no real, nos lo creemos y es entonces cuando sentimos el miedo. Y se crea una espiral, cuanto más miedo sentimos más imágenes y pensamientos que nos asustan nos vendrán.


El miedo nos acompaña toda la vida. Pero no nos educan para comprenderlo y saber cómo vivirlo de forma natural. El acto de reconocer que sentimos miedo es el primer paso.

La sociedad y los padres imprimimos el miedo en los niños. Buscamos seguridad absoluta, queremos vivir en un mundo de certeza. Pero muchos nos estamos dando cuenta de lo falsa que es esta certeza. No nos han enseñado a confiar en nosotros mismos. Gente autónoma y autosuficiente que puede tomar sus propias decisiones no interesa a los que gobiernan. La mente colectiva te dice constantemente: "No puedes hacerlo". Pero esto es una proyección. Podemos darnos cuenta de que somos seres infinitos y que podemos prescindir de todas esas limitaciones.


Los miedos más comunes son el miedo al éxito, al fracaso, a la muerte, miedo al rechazo, al abandono... Pero no son reales. El miedo es una ilusión para paralizarte, para protegerte. El problema es cuando nos inventamos y contagiamos del miedo de otros por nuestra falta de confianza en nosotros mismos, y no digamos si ese miedo se desata sin que haya un peligro real. Como es el caso.


No voy a conspirar ni a señalar a todos los que se están beneficiando de las caídas en los mercados a nivel mundial. Lo voy a dejar aquí con la esperanza de que alguien me lea y despierte su sentido común y sus ganas de descubrir que el miedo, al igual que el resto de emociones, es una herramienta que podemos aprender a utilizar en nuestro beneficio.


Si quieres saber más sobre inteligencia emocional, me puedes escribir a varacres@me.com.








INSTITUTO LEELA PARA EL CRECIMIENTO PERSONAL Y CORPORATIVO

 

 

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