El Origen y Fin del Sufrimiento

Actualizado: 7 de dic de 2019

Este artículo me lo ha inspirado ver este corto genial de Steve Cutts sobre la búsqueda de la felicidad en un modelo social que ya no se sostiene.



Nuestra sociedad se ha convertido en una carrera de ratas. ¿Vemos a seres humanos felices en el metro o al volante de los coches en medio de un atasco? ¿Vemos a personas que se sienten en paz mientras disfrutan del Telediario? ¿Vemos mucho amor en las colas del supermercado, en los centros comerciales o en las oficinas? ¿Hay gente sana divirtiéndose con el deporte en los campos de fútbol?


Nos engañamos a nosotros mismos, en vez de cuestionar nuestro sistema de creencias e iniciar un proceso de cambio personal, la mayoría nos quedamos enganchados a aquello que nos resulta familiar y lo hacemos sin ser conscientes de ello.

Iniciamos un proceso de cambio personal tan solo cuando nuestro nivel de sufrimiento se hace tan insoportable que cuesta más sostenerlo que lo que nos cuesta hacer los cambios necesarios para salir de ahí. Seamos honestos, hay situaciones a las que estamos enganchados aunque duelan. Y no es que los seres humanos quieran sufrir de forma voluntaria. Las personas queremos ser felices, pero en general no tenemos ni idea de cómo lograrlo.


Normalmente queremos cambiar algo en el exterior, en las personas o en el mundo que nos rodea. Y ahí está, esa es la raíz desde la que florecen nuestros conflictos y perturbaciones. Ese es el origen del sufrimiento porque no entendemos que eso es imposible; solo es posible cambiar cosas en nosotros mismos. Puedes ver un árbol y decidir que en lugar de verde debería ser morado. No importa cuánto intentes o te machaques pensando en lo poco que te gusta el verde, el árbol es así y algunos cambiarán, pero solo en otoño y elegirán el color que ellos quieran no el que tú decidas. Sin embargo, puedes hacer cambios en ti. Puedes alejarte de los árboles que no te gustan, o puedes aceptar que los árboles son verdes y puedes descubrir el color morado en otras cosas.


Esos cambios traerán consecuencias que afectarán al mundo que te rodea, pero tal vez no sean las que esperabas, tal vez superen todas tus expectativas. Porque, nuestra mente es limitada y la vida es ilimitada. No concebimos las infinitas posibilidades de lo que puede ocurrir. Ni el mejor estratega puede diseñar un plan más perfecto que el que la vida crea cada día para nosotros. El problema es que somos el palo en la rueda. Constantemente bloqueamos esos planes por querer imponer nuestra voluntad o por negarnos a aceptar lo que la vida nos pone delante.


Tengo un amigo que siempre me dice que si me pongo a hablar en “yoguini”, se pierde. Para que me siga leyendo, quiero poner el siguiente ejemplo que nos puede ayudar a ver esto.

Pensemos en los animales, las plantas también son un buen ejemplo, pero los animales nos suelen hacer más gracia. Pensemos en un depredador, un león o un zorro al que se le escapa una presa tras pasarse horas acechándola. ¿Y qué hace? No se frustra ni deprime, no cuestiona el plan, no sufre. Simplemente busca otra presa y vuelve a empezar. Su vida puede estar en juego, puede que lleve demasiado tiempo sin comer y sin embargo sigue adelante hasta que sus fuerzas se lo permitan. Los animales, a diferencia de nosotros no tienen “mente”, no tienen la parte del cerebro que les hace cuestionarse e intervenir en el desarrollo de la vida, aceptan sin cuestionarse los acontecimientos y se adaptan de la mejor forma posible. Y no quiero decir con esto que la mente no sea útil, de hecho gracias a ella tenemos más probabilidades de seguir con vida, pero deberíamos considerarla una consejera. Escuchar su opinión y decidir si seguir su consejo es lo más adecuado o si por el contrario es mejor ignorarlo. Igual que a un consejero, necesitamos conocerla bien, ser conscientes de cuál es su especialidad y cuales son sus debilidades.




El fin del sufrimiento llega cuando logramos el estado de desapego. Modo “yoguini” off: Piensa en ese mismo león que pierde una presa; no se quedará recordando cómo fue su relación de acoso y huida, ¿verdad? Tampoco creo que se siente bajo un árbol a imaginar como sería su sabor y fantasear con un árbol más grande… El león nunca volverá a pensar en esa presa porque muy pronto se encontrará delante de otra, y es en ese momento presente donde realmente tiene que estar si es que quiere poder llevarse en algún momento un bocado a la boca.


La vida ocurre siempre en el momento en el que estamos ahora. Todo lo demás es tan solo un recuerdo (pasado) o una imaginación (futuro). Me dicen siempre que esto es muy difícil, que cómo se logra, que es solo para yoguinis… Mi respuesta es que tan solo hace falta voluntad y paciencia, la paciencia que tendríamos con un niño que comienza a andar. Si ponemos atención, poco a poco iremos siendo más conscientes, si cada vez le damos más importancia a estar presentes en lo que sea que hacemos, sea ducharnos, lavar los platos, caminar y hasta respirar, veremos cómo empieza a salir de manera natural. En esto no hay objetivos que cumplir, no hay un desarrollo ni un retorno de la inversión. Sí hay, desde el primer día una sensación de calma, serenidad, bienestar. ¿Probamos?





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