La Política Ha Muerto. ¡Al Fin!

Tal vez el hecho de que las personas decidan bien informados y sin ser manipulados, a quien votar y, que tras las elecciones gobiernen los representantes que han sido elegidos por la mayoría es una utopía que, de haber sucedido en el pasado, probablemente nunca vuelva a suceder.

En España en particular, la política ha tenido siempre una base débil debido a la falta de criterio informado. ¿Quién antes de votar estudia a fondo y reflexiona sobre lo que cada partido político lleva en su campaña? Menos de un 10% de la población lo hace, si llega. En España la gente utiliza la política siguiendo a lo que en psicología se conoce como Instinto de Pertenencia, que consiste en la necesidad que tenemos los humanos de sentirnos parte de un grupo. Y esto las familias españolas lo aplican tanto en política como en el fútbol. Igual que “somos” del Atleti, “somos” del PSOE, o del PP, Ciudadanos o del que toque.


Y quienes lo hemos hecho, quienes nos hemos alguna vez tomado el tiempo de estudiar las candidaturas, tenemos que votar a todo el programa incluso si, por ejemplo; en materia de educación, urbanismo o economía, nos inclinamos por la propuesta de un grupo diferente.


Mientras esto sucede, los robots van reemplazando cada vez más puestos de trabajo. En los próximos años veremos grandes cambios en este sentido.


En un futuro no muy lejano, nuestra fuente de ingresos dejará de ser tan solo una. Pensar que solo nos pueden llegar ingresos a través de intercambiar nuestro tiempo por dinero (sistema laboral actual) empieza a ser ya arcaico. Hay muchas otras formas de obtener ingresos y se están creando nuevas formas cada día. Ahora todos tenemos la oportunidad de generar riqueza, patrimonio real, y no conformarnos con vender nuestro tiempo (Vida) por un salario cada vez más bajo.


Además esto de intercambiar tiempo y energía por dinero, nos genera resentimiento al tener que vendernos a nosotros mismos, y rápidamente racionalizamos este malestar fantaseando sobre cómo gastaremos el dinero que vamos a recibir cada final de mes.


Tal vez podamos ir a “relajarnos” a algún lugar como si aquí y ahora, eso no fuera posible.

Sacrificamos el estar presentes y relajados, disfrutando este momento por el fantasma de algún futuro donde las cosas sean diferentes. Dedicamos un tercio de nuestra vida a fantasear con ese “mañana” que por supuesto, nunca llega.


Mediante el consumismo generalizado, los seres humanos nos empobrecemos cada vez más, enriqueciéndose solo unos pocos. Ese salario, limitado o no, sirve en cualquier caso para generar beneficios millonarios a grandes multinacionales, mientras nuestro vecino, el pequeño comercio tiene que cerrar y vivir del subsidio.


Es hora de empoderarse, que cada uno se haga dueño de su pequeña parcela en este mundo.

El consumo es la nueva democracia. Debemos empoderarnos a base de decidir bien, con ese criterio informado que nos faltaba en política, a quién le damos nuestro dinero y a cambio de qué. Porque con cada decisión de compra nos convertimos en responsables de lo que ocurre en el mundo. Y en esto, cada céntimo cuenta.



Soy consciente de lo dura que puede resultar esta verdad. Vivimos inmersos en una sociedad de consumo. A través de los medios, ya sea anuncios, películas o incluso documentales, se nos hace creer que estamos llenos falsas necesidades, creencias limitantes y lo que es más grave de todo, de MIEDO. Esto no es alarmismo, si alguien quiere saber más sobre esto puede buscar los “puntos de dolor en el proceso de ventas” en Google y encontrará mucha información al respecto.


Entonces, una vez creado el problema, tenemos que comprar la solución.

Y con esta ansiedad emocional impuesta como por hipnosis, a base de repetición, nos volvemos adictos al consumo.

Creemos que ese vacío interior que sentimos (o nos hacen sentir) se llenará con el siguiente coche, con el siguiente par de zapatos o cuando consiga un móvil nuevo. Pero lo cierto es que nada de eso termina con el problema, simplemente lo desplaza. Una vez que conseguimos el objeto de deseo, pasamos a desear algo nuevo.


Una de las primeras manifestaciones del empoderamiento del que hablo es que, es inversamente proporcional a la cantidad de cosas que compramos. Con un trabajo de desarrollo personal, a medida que crecemos interiormente, necesitamos cada vez menos cosas materiales. Decía San Agustín que: “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”.



En el 2016, saltó el escándalo cuando Donald Trump supuestamente usó datos de millones de personas recogidos y almacenados por Facebook para ganar las elecciones. A raíz de aquello algunos legisladores están ahora tratando de proteger a los ciudadanos. En el futuro debieran hacernos dueños de nuestros datos online, si nuestro comportamiento es predecible por un robot y puede generar enormes beneficios para quien los utilice, ¿quién debería ser el mayor beneficiario de eso? Si planteamos que cada individuo se transforma en dueño de sus datos, estos se convierten en una propiedad, y al igual que cualquier propiedad podría ser alquilada o vendida.


Quizá así seamos, de paso, también más responsables con el contenido que publicamos tanto en redes como en aplicaciones, chats y websites. IBM ha publicado recientemente que el 90% de todos los datos de los que disponemos en en mundo se han generado en los últimos 2 años…


Necesitamos educar nuestro pensamiento crítico, saber discernir y crear nuestra opinión propia, en vez de seguir la de grupos o ideologías ya creadas por otros con vete tú a saber qué objetivo final. Nuestra atención es la nueva moneda, y créeme tiene mucho valor. Microsoft ha revelado un estudio en el que afirmaba que, online tenemos capacidad para prestar tan solo 8 segundos de atención antes de ser distraídos por un nuevo estímulo, y dicen que ya ha bajado a tan solo 5 segundos.


Aprender a meditar y realizar prácticas de mindfulness hace que podamos decidir a dónde dirigir nuestra atención, y si no lo hacemos, otros la van a dirigir por nosotros. La atención está ahí, ahora tú decides.


INSTITUTO LEELA PARA EL CRECIMIENTO PERSONAL Y CORPORATIVO

 

 

Paseo de las Perdices, 73.

 

28707 Urb. Ciudalcampo.

Madrid

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