No te puedes comer tus sentimientos.


¿Por qué sufrimos?


Normalmente, cuando algo nos molesta, queremos cambiar el exterior. Queremos que aquello que creemos causa nuestro sufrimiento desaparezca o se convierta en algo diferente. Pero no podemos hacer nada para que eso ocurra, y ese es el origen del sufrimiento. El mundo que vemos no es más que la interpretación que hacemos de lo que ocurre en realidad, es un reflejo de nuestro estado interno, y es solo ahí donde podemos trabajar si queremos que algo cambie. Las adicciones, ya sea al alcohol, drogas, a las compras o al sexo, todas provienen de un mismo profundo sentimiento de vacío. Empiezas a sentir algo y tu mente lanza sugerencias: "¿por qué no comes algo dulce o te compras algo nuevo?". Una distracción para poder ignorar esos sentimientos, para no enfrentarte a la incomodidad. Sin embargo, estos sentimientos tienen una razón de ser, por lo que se reagruparán y volverán a querer salir, tantas veces como haga falta hasta que se hayan liberado. No te puedes comer tus sentimientos, ni beberlos o comprarlos. Nuestros sentimientos son lo más real que tenemos.


No te puedes comer tus sentimientos, ni beberlos o comprarlos.

Podemos aprender a sentir un sentimiento hasta que ya no esté allí. Permitirlos, aceptarlos, saber que aunque puede ser doloroso, el dolor es parte de la vida y, como dice el proverbio budista, el sufrimiento es opcional. Los sentimientos, al igual que los pensamientos, pasarán. Y podemos soportarlos, existen profesionales y técnicas que nos pueden ayudar a hacerlo.


Un sentimiento o emoción es como un niño pequeño que dice: “¡Oye! ¡Hazme caso! ¡¡Estoy aquí!!”. Si lo ignoras, se descontrolará más y más hasta que le prestes atención. El resultado de no atender a esta emoción, es que acaba convirtiéndose en ira y de repente estallas ante la situación más inesperada y probablemente menos relacionada con el origen del problema. En cambio, una vez que expresas ese mismo sentimiento, este desaparece. Es así de simple. Y no requiere de un gran drama, funciona simplemente expresándotelo a ti mismo cuando estás solo. Ir al baño, tirar de la cadena y decir: "Mi suegra es la peor persona del mundo”. Al instante te sentirás mejor. Es cuando te lo guardas dentro, cuando te juzgas o intentas negarlo, que te causa el dolor.



Algo importante a tener siempre en cuenta es que debemos expresar la emoción lo antes posible, cuanto más cerca de su causa mejor. No es tan fácil liberar esa energía después de 10 años. Y además tratar de usar frases que se refieran directamente a ti.


Me dolió cuando ... Siento que …

Dilo en voz alta, recuerda que no tienes que tener delante a la persona que crees que ha causado el problema. Díselo al espejo, o a un amigo, a alguien que no tenga nada que ver con la situación. El propósito no es llegar a una conclusión o decidir tomar una acción, el propósito de este ejercicio es simplemente reconocer cómo nos sentimos y liberar esa emoción.


Un grave daño, por ejemplo, les hacemos a los hombres cuando les decimos a los niños que no deben expresar lo que sienten. O bien les decimos que no actúen como una “niña”, si se muestran sensibles, o bien les culpamos por ser demasiado agresivos. He conocido a hombres con serios problemas para salir con mujeres por el sentimiento que tienen de que algo está mal en su interior.


No puedes sanar lo que no puedes entender.


La curación de los traumas de la vida comienza a suceder cuando entiendes la causa del problema. Muchos de los conflictos que creamos a nuestro alrededor tienen mucho que ver con lo que hemos experimentado en nuestra infancia y la mayoría de las veces está relacionado con mamá o papá. Deberíamos preguntarnos más a menudo; a nosotros mismos y a los demás, ¿qué te pasó cuando eras niño?


Por ejemplo, el miedo al rechazo obedece a un instinto inconsciente de supervivencia. Si una madre rechaza al bebé que acaba de nacer, las probabilidades de supervivencia disminuyen. Hace no tantos años, si pensamos en términos evolutivos, solíamos vivir de manera en que si la sociedad rechazaba al individuo, éste podría morir.


Pero lo cierto es que las cosas han cambiado, ya no morimos de rechazo. En la actualidad, nadie puede lastimarte a menos que des tu permiso, para que algo te hiera debes dejarlo entrar. Si alguien viene y te critica, tu reacción puede ser agradecer esa opinión y no dejarla entrar, piensa en un juego de tenis en el que simplemente golpeas la pelota fuera de tu campo. Nadie puede darte un regalo si no lo aceptas, si no lo dejas entrar.



Una última cosa que quiero compartir es que, cuando no te permites sentir las emociones, tu cuerpo encontrará otras formas de expresarlas. El cuerpo retiene las emociones por nosotros, a veces en forma de tensión muscular o peor, y muchas veces, solo hablar de cómo nos sentimos hará que este dolor desaparezca. Siempre podemos elegir la calidad de nuestros pensamientos y la forma en que nos hablamos a nosotros mismos, y quizás lo haríamos con más cuidado si supiéramos lo que le hacemos a nuestro cuerpo cuando nos tratamos con tanta dureza. Todo lo que nos decimos genera una consecuencia física. Sentir tu cuerpo, dedicarte tiempo para poder relajarte y aceptar que las cosas simplemente son como son, puede cambiar tu vida.



INSTITUTO LEELA PARA EL CRECIMIENTO PERSONAL Y CORPORATIVO

 

 

Paseo de las Perdices, 73.

 

28707 Urb. Ciudalcampo.

Madrid

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